Conciencia verde

Sostenibilidad y protección del medio ambiente: estas son las palabras clave en la producción y el consumo de las empresas de moda.

Durante mucho tiempo, la principal preocupación de las marcas de lujo y de fast fashion fue obtener certificaciones ecológicas lo más rápido posible para llevar la moda hacia un futuro cada vez más ecológico. Estos son los objetivos: renovación de los procesos de producción mediante la eliminación de gases contaminantes y el desperdicio de energía; investigación continua de fibras ecológicas (con resultados casi de ciencia ficción, como por ejemplo las telas hechas de piñas y hongos); respeto por los animales en las granjas y prohibición del uso de pieles y pieles exóticas (en primer lugar Stella McCartney y Gucci, y ahora también Burberry); reducción de embalajes, altamente contaminantes porque son desechables (en muchos artículos, el grupo LVMH los ha reducido en un 60 %),
y reciclaje de plásticos (Burberry se compromete a fabricar perchas y embalajes reciclables, compostables y reutilizables).

Incluso en el sector nupcial hay muchas marcas que se comprometen a crear ropa cada vez más ecofriendly. La diseñadora de moda Stella McCartney, ecologista de toda la vida, ha lanzado su primera cápsula de novia hecha de viscosa sostenible y hecha a mano en laboratorios italianos.

La colección Pearly white, siempre hecha a mano, es la primera línea nupcial de la marca británica Mother of Pearl que ofrece transparencia en toda la cadena de producción, fibras orgánicas y naturales y un ajuste suave y moderno que se puede usar incluso después de la boda.

La diseñadora noruega Leila Hafzi apoya a los artesanos nepaleses defendiendo sus derechos y pagándoles un salario justo.

También la estilista india Anita Dongre, vegana y ambientalista y a la vanguardia de la batalla por la sostenibilidad, construye oficinas ecológicas en Bombay y ofrece a las mujeres de las zonas rurales formación profesional y oportunidades de sustento.

Lost in Paris es una marca ética australiana que fabrica vestidos de novia hechos a medida mediante la reutilización de encajes vintage, que se encuentran en los mercados europeos de antigüedades con el menor desperdicio posible.

En la misma línea, uno de los diseñadores preferidos de Meghan Markle Roland Mouret, piensa que el vestido de novia que solo se lleva una vez puede ser lo más caro y contrario a la sostenibilidad. Así que diseñó White Collection, una línea ready-to-wear que incluye monos, pantalones y vestidos minimalistas y modulares que se pueden llevar durante mucho tiempo, incluso en otras ocasiones.

Y en cuanto a la moda rápida, el primer vestido de novia de la colección Conscious de H&M, fue producido con hilo Econyl de nailon regenerado.

Maximizar su impacto positivo, tanto social como ambiental, es el objetivo que las empresas están intentando lograr lo antes posible, mientras que para los consumidores finales es importante leer bien las etiquetas, vender o regalar ropa usada ofreciéndoles una segunda vida, explotar las oportunidades de la economía compartida al alquilar ropa y accesorios que ya están en el mercado y, así, alimentar la economía circular.

Por Elisa Nascimbenen para Valmont Barcelona Bridal Fashion Week

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